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miércoles, 7 de enero de 2015

El día después


A estas horas, Jaime estará aún con cierto empacho después de engullir roscón de Reyes como si lo fueran a prohibir.
Jaime es el chico que trabaja en la mercería de mi calle. Todo un profesional de la venta: habla por los codos, se maneja con las clientas mejor que su madre-jefa, les da la razón en todo y le vende una gabardina a Tarzán si es preciso. Jaime tiene una debilidad en su vida gastronómica: el roscón de Reyes.
- Un año (afirmaba sin pudor) no comí. Me puse morado de roscón en el desayuno y a la comida no pude llevarme nada a la boca. Pero estaba tan bueno...
Desde entonces, cuando se acercan los Reyes nos acordamos de él. ¿Habrá encargado Jaime ya su roscón? Mira que si se queda sin él... 
Hay que decir que yo le comprendo un montón. La culpa de todo la tiene Miguel, el panadero, que fabrica unos roscones para empezar y no parar.
¡Ñam, ñam, ñam!!

sábado, 20 de diciembre de 2014

Dedicado a los que trabajan los domingos, por NDAP

Sobre todo los del Corte, con el soniquete de Cortylandia abrasándoles las orejas.
Recupero un artículo del magnífico periodista Rafael Martínez Simancas, cuyas sensatas humoradas tanto echamos de menos, dedicado a un asunto muy, muy navideño. Leed y veréis.

Oficio de paje

El mundo se divide entre los que hacen paquetes y los que los abren con cierta ansiedad de caníbal acelerado. Siempre que me preguntan: "¿Se lo envuelvo?" respondo sí porque aunque sea un bolígrafo sólo por contemplar el arte de envolverlo, que a su vez resulta un tratado de papiroflexia cotidiana. A veces es mas valioso el envoltorio que el objeto que va dentro, a Unamuno le gustaba la cocotología y escribió un tratado sobre ella.




Las bolsas y las prisas, (¡innecesarias prisas!), le han hecho mucho daño a los paquetes que contienen los regalos. Por supuesto hay que desconfiar de aquellas personas que te espetan en la cara que como no tenían tiempo no han podido mas que meter un libro dentro de un sobre y te lo dan con la urgencia de entrega de un cartero. No existe el oficio de hacedor de paquetes y doblador de cosas pero debería crearse porque se va a perder una tradición comercial muy antigua, (igual que se perdieron los pendolistas). De pequeño recuerdo el mimo con el que el pastelero envolvía la ensaimada que compraba mi madre para que la comiera en el recreo, aquel hombre sabio había trabajado desde la masa al envoltorio pasando por el agua y calibrando el tiempo del horno, era un artesano completo. Su habilidad con las ensaimadas competía con la destreza de mi madre a la hora de forrar libros, otra costumbre caída en el olvido.
A estas horas, en alguna cueva escondida, los pajes trabajan sin descanso envolviendo regalos para personas que no conocen. Los Reyes Magos tienen la misión de acertar con las peticiones que han recibido pero los pajes tienen la obligación de poner la magia a un paquete de cartón y además, dejarlo junto a la chimenea. Un paquete cuesta mucho hacerlo pero se puede abrir
de mala manera en poco tiempo y cargarse el momento porque regalo es también el envoltorio, el que no lo quiera ver es muy torpe. Ahí se demuestra el cariño del paje real que teniendo solo una noche, (la de hoy), no escatime su tiempo con tal de que el lazo quede bonito y en la dirección adecuada.
Los que abren paquetes a lo bruto no tienen en cuenta el tiempo que les han dedicado. Hasta un niño pequeño retira el papel con sumo cuidado para no estropear lo que intuye que está dentro. Al contrario que los Reyes Magos los pajes no tienen nombre, la historia les relegó como secundarios sin frase pero si no es por ellos esta noche en lugar de regalos les iban a dejar un acuse de recibo y el horario de la oficina de Correos para que se pasen a recoger el envío. En sus manos quedan depositadas nuestras esperanzas aunque sea el socorrido y tradicional paquete de calcetines de todos los años.

domingo, 4 de enero de 2009

Una de Reyes Magos por Myriam

Yo soy muy rara como ya habéis podido observar, así que empecé a creer en los Reyes Magos de Oriente cuando tenía seis años, sí es muy raro lo se, sucedió un verano una fecha muy propicia y en un barco un lugar muy adecuado os lo cuento...
Todo empezó con la siguiente conversación:

Abuela da me tu palabra de honor de que los Reyes magos viven y nos traen regalos

No puedo te voy a dar mi palabra de honor de que vivieron...

Y me contó la historia de "pe" a "pa", ya sabéis lo que viene en la Biblia con estrella incluida.

Así que me quede con la copla y al año siguiente me hice una capa de papel albal ya que para armiño no me llegaba y decidí ser uno de ellos, pedí el aguinaldo el día de Noche Buena y unos días después compre cuatro tonterías para mis hermanos, si cuatro ya que el quinto no había nacido, me levanté ese día seis de enero muy muy temprano y uní mis regalos a los suyos.

Desde ese momento me propuse ayudarles en su fatigosa tarea y mientras ellos ponían los regalos yo metía a mis hermanos en la cama y les obligaba a dormir cantándoles y como canto tan mal dormían, bueno la verdad es que con alguno tuve que llegar a métodos menos ortodoxos es decir cosquillas, amenazas y algún que otro cuento...

Desde entonces no hay hijo de gitano que me lleve la contraria los Reyes Magos de Oriente existen y los veo todos los días en las sonrisas y en brillo de los ojos que puedo sacarles a la gente con la que me cruzo en mi vida.