Hay años que cuando se acerca la Navidad te sientes un poco Pavo, con esto quiero decir que te parece que el Pavo que vas a cenar el día 24 eres tu mismo, pero como estas fechas son especiales siempre hay algo que te recuerda, que con crisis económica o de tiempo o las dos juntas, lo importante es lo importante y lo demás es secundario, a mi me pasó el otro día en Leroy Merlín, sí suena muy consumista pero fue así, estábamos buscando me parece que bombillas de bajo consumo o algo parecido, cuando las vi...
Estaban allí ¡Tachan! las luces que siempre he querido para el árbol del jardín sí ese que os enseñe el año pasado, el que hay que llamar a los bomberos y al Samur por lo que pueda pasar al adornarlo, sin querer cerré los ojos y vi las siete caritas de mis sobrinos con la boca abierta y pensé ¡Ya es Navidad!
No sé si ese día, creo que sí, recibí un Emilio, recordándome que seguís por aquí y que el año pasado esto fue una gran parte de mi Navidad, así que aquí estoy escribiendo y colándome... Yaaaa, ya sé que no me toca, pero en fín es lo que hay...
Espero que otra ves estemos todos compartiendo este momento tan especial del año.
Así que ha escribir que os veo muy relajados.
PD: Todavía no tengo las luces, primero tengo que poner un enchufe con todo lo que eso conlleva, cuando me toque escribir si no me ha dado mucho calambre, os las enseñaré ¿vale?
El enlace no tiene nada que ver con el temita que nos ocupa pero se lo ha ganado Anonimamariage esto es pá ti...
viernes 20 de noviembre de 2009
domingo 15 de noviembre de 2009
Cuestines de agenda, por Nodisparenalpianista
Luce hoy -domingo, cuando perpetro estas líneas- un sol de otoño la mar de agradable. El fresquito, por esta latitud parece que anda colorado, tímido que por si,pero que no ay bueno, ya llegaré. Pues vale.La semana pasada, el martes, creo, al pasar veo una grua enorme frente al Corte Inglés, aún no ha salido el sol. Algo pasará. Y pasa. Andan colocando los hierros esos con luces que antes eran un Belén. Ahora suele ser una especie de ángel y un alce. Una especie de homenaje a la Patrulla X en los bosques de la Selva Negra, digo yo. En la tele hay más anuncios de juguetes, creo. En Habitat adornan los precios con motivos de colorines sobre fono negro. En el Navarro ya venden polvorones a granel.
Pero aún no toca.
Los preparativos, las cuestiones de agenda para los poco amantes de las agendas son tediosos. Lo divertido es la cosa del momento, lo que acontece, o sea. Ya falta menos para San Fermín, pero no es plan hacer memoria a cada minuto. Fata mucho menos para la Navidad y yo ya estoy cansado de tiendas tontas. Hace unos días vi una, ya no me acuerdo, que ha montado un Belén. Ni calvo ni tres pelucas.
Sirva todo esto para comenzar a caldear el asunto -que últimamente estamos un poco amodorradetes en nuestras güeps particulares-, para que recuperemos en nuestro bonico de lo de ir mirando lo de la visita al festivaldebelenes, porque se nos echa el tiempo encima y si la intención es mejorar el niveazo del año pasado, hay que currar.
Pues nada, que en cuatro días levantamos la persiana, agarramos la pandereta y la liamos. Yo ya ando afinando la garganta, hacia Belén va una burra, y recopilando fotos...
jueves 6 de agosto de 2009
Ya llega, ya, por Nodisparenalpianista
Bueno, bueno, ya falta menos, a ver si no. Y como hay que ir animándose, os propongo que vayáis dedicándole un tiempo a los asuntos navideños. Y para calentaros un poco, cosa un tanto ociosa, dadas las fechas en las que estamos, os cuento algo que acontecía hace la tira y media por estas fechas.
Resulta que Antena 3 de radio, la mítica cadena de emisoras, la primera cien por cien privada en España, la primera que apostó por la FM -sería de risa rescatar a todos los profesionales que de costa a costa dijeron que era una locura emitir programas generalistas por la FM- y, sin duda, la más innovadora de su momento; en aquellos meses estaba siendo desmantelada en su contenido por un politiquerío infame. De allí habían salido sus grandes estrellas y se habían quedado unos cuantos inasequibles al desaliento, profesionales irrepetibles que hicieron, durante los pocos meses que quedaron entre el antenicidio y su clausura definitiva una radio de primerísima división. El gran Miguel Ángel García Juez o Javier Ares y su increíble equipo en las retransmisiones ciclistas. Hasta Marlasca, que le imprimió a El primero de la mañana un ritmo informativo que, desde entonces, creo que no se ha repetido en la radiofonía actual. Qué panda.
En aquel macroprograma de música y entrevistas, comentarios y desvaríos en general, había de todo menos cine, pero sobre todo, resultaba espectacular porque a las cuatro de la tarde, a las cuatro más los informativos, colocaba un villancico. Aquellos gotarrones de sudor, las chanclas y las bermudas, la nostalgia piscinera, la caza del avieso mosquito, de pronto, salía Bing Crosby cantando Blanca Navidad y uno que quedaba helado. O el Rat Pack, o Raphael y el Tamborilero. Y claro, cómo no quedarse helado. La Navidad presente incluso entonces, en mitad del fragor veraniego, del cocimiento generalizado, la añoranza del turrón y de los polvorones, hacia Belén va una burra, rinrin, y pasando unos calores que pa qué.
El festival de Belenes, y nosotros sin saberlo.
miércoles 7 de enero de 2009
Esta no es una güep de rebajas, por Nodisparenalpianista
Bueno, pues hasta aquí hemos llegado. Como si fuese otoño, pero en distinto, las etiquetas cubren con un manto de euros y de códigos de barras las millas de oro de todas partes habidas y por haber. Y claro, que nadie se confunda, que esto n es una güep de rebajas. Esto es canela fina, de la buena, buena.
De todos modos, a los beleneros nos sobrecoge que se nos terminó la verbena, o sea. A ver, con todo respeto y tal, pero ya se sabe, que somos gente de pachanga. Lo de antes, que llega la hora de echarle la persiana al garito, de recoger los espumillones, las luces del balcón, los calcetines de la chimenea -que con la que está cayendo hay que ponerlos a secarse por ahí, que nadie se confunda, que del gordo ni pío.
Bueno, pues agradecer a todo el personal, parlanchín y silencioso que aportase, que leyese y que la liase buena, con la zambomba y tal. Que se agradece todo el que llegue y que a ver si el año que viene somos más y aún mejores. Y que ha sido un placer y todo aquello. Y que ahora en cuanto le ponga el último punto, en el ambigú Néstor, que es ese topletrado de toga y bermudas, nos va a deleitar con unas margaritas y unos párrafos de Cicerón.
¡Ojo, Duci está sacando la bocina!!!!
Marta, toma nota de toda esta pachanga!!
Y Myriam y Luisa están montando un coro rociero de villancicos!!!
Atiza está rematando unos antiguos pecés que echan humo (mejor si bebiesen y volviesen a beber)!!!
Y eso que veo es el humo de la moto de Altea, que trae botillo para la merienda!!!
Y ese estruendo es el de AnónimoMaríaG con la zambomba y una traca que se trajo de Valencia
Y María Jesús está a punto de contarnos cosas de su chavalerío!!!!
Uf, qué tropa...
Bueno, pues agradecer a todo el personal, parlanchín y silencioso que aportase, que leyese y que la liase buena, con la zambomba y tal. Que se agradece todo el que llegue y que a ver si el año que viene somos más y aún mejores. Y que ha sido un placer y todo aquello. Y que ahora en cuanto le ponga el último punto, en el ambigú Néstor, que es ese topletrado de toga y bermudas, nos va a deleitar con unas margaritas y unos párrafos de Cicerón.
¡Ojo, Duci está sacando la bocina!!!!
Marta, toma nota de toda esta pachanga!!
Y Myriam y Luisa están montando un coro rociero de villancicos!!!
Atiza está rematando unos antiguos pecés que echan humo (mejor si bebiesen y volviesen a beber)!!!
Y eso que veo es el humo de la moto de Altea, que trae botillo para la merienda!!!
Y ese estruendo es el de AnónimoMaríaG con la zambomba y una traca que se trajo de Valencia
Y María Jesús está a punto de contarnos cosas de su chavalerío!!!!
Uf, qué tropa...
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Ya falta menos para la Navidad
martes 6 de enero de 2009
Los Reyes, por Nodisparenalpianista
Estábamos allí. Supongo que recuerdo el frío, porque por entonces, el invierno era invierno y hacía frío porque era invierno. Enfrente del Corte Inglés estaba el paje real que recogía las cartas. Enfrente de Galerías Preciados, que aún le llamaban por aquí Jorba Preciados, se ponía otro. En mitad del bullicio de las Ramblas había uno más, el del Sepu. Enfrente, también. A mi me gustaba el del Sepu, porque el entorno lo hacía más recogido. Como era más chiquito el sitio, Sus Majestades montaban allí un tenderete algo más pequeño, más a mano, como si dijéramos. Estaba bien. El del Jorba nunca me moló, porque Jorba era un follón y nunca me aclaraba donde estaban los juguetes. Si que recuerdo que bastante arriba, de piso, quiero decir, había, junto a una escalera mecánica -porque de las otras también había- un muestrario en un torno de cajitas de Tente -y yo me paraba delante, "detente" ¿si?- de esas que eran para montar algo chiquito, como un puesto de peajes o así. A mi me encantaba el Tente.
De los pajes reales, el más chulo era el del Corte Inglés, porque la caseta donde recogía las cartas era enorme, una especie de pagoda o vaya usted a saber qué, que ocupaba media acera. Desde aquella acera a mi me gustaba ver volar, al final de verano, cuando surcaba ya el aire los primeros olores de boniatos y castañas, las bandadas de golondrinas -o estorninos, o los bichos que fuesen- cómo evolucionaban haciendo figuras. Entonces me contaban lo de que una iba delante y todas la miraban y la seguían el vuelo ¿Y no chocan? Pues no, no chocan. Ah. Y me gustaba verlas volar, sus acrobacias, el riesgo, lo bonito. Igual que ahora, o sea.
Lo cual que un par de días antes de la cabalgata y de la noche de Reyes, o la víspera, no se cuándo, estaban los propios Reyes recogiendo las cartas. Iban a turnos, claro, porque son Reyes, son Magos, pero también se cansan y tampoco es plan presentarse los tres y liarla como si fuesen las Spice Girls, ante todo orden.
Así que me llevan, ya que estamos, a darle la carta al Rey. Hasta ahí, todo bien. ¿Y quién estará? Pues no sabemos, al que le toque. En esto de las preferencias, nunca he sido maniático. Todos los niños dicen que Baltasar, por negro, aunque ahora menos. No menos negro, sino menos niños lo dirán, porque los negros ya no son exóticos como cuando yo era niño, sino que son señores que siempre están ahí, con las gafas de sol o los bolsos de Louis Vuitton, pobres, cargados como mulas. Luego estaba Melchor, que como es el primero que uno dice y el más viejito, pues también cae muy bien. Y quedaba el pobre Gaspar, que por no tener no tenía ni chiste malo. Ya se sabe, ¿no? Basaltar y se cayó. Si se hubiese matado, sería humor negro en toda regla. En fin. Que como yo ya apuntaba maneras, le tenía un compasivo, cariño especial al pobre Gaspar, el que suele ser menos citado de los tres, aunque en realidad a los tres les quisiéramos (y les queremos) igual. Ya me lo decía la MamádelPianista: ¡abogado de pleitos pobres! cada vez que me metía en jaranas por defender a mis amigos cuando haciendo algo razonable -ojo-, les había caído una buena encima. Lo de siempre, si.
Pues allá que vamos, abrigadito, porque el tiempo está como está y la carta debajo del brazo, no la pierdas, no, no. Y a la cola, como es de rigor. Hay un tipo del Corte Inglés que te echa una foto y luego los papás se la compran o no. Ya se sabe lo que pasa en estos casos, o que sales con los ojos cerrados o que el paje estornuda o que a un señor calvo se le mueve el peluquín. Que la cola iba avanzando y yo cada vez más encogido y pegado a las piernas de la MamádelPianista. Pero no por el frío, no.
Ya sabéis cómo somos los tímidos irrecuperables, que muy chulitos, muy chulitos, pero a la hora de la verdad, enviamos el correo certificado. Y allí no había ninguna posta. MamádelPianista, dásela tú. Que no, NDAPín, que se la has de dar tú, y si te pregunta, dile que has sido bueno, pero algo travieso, que haces rabiar a la HermanadelPianista y que eres un poco marrano haciendo las fichas, pero que el año que viene mejorarás. Joer, a ver quién se presenta con ese currículum delante de un Rey.
Yo echaba cuentas, porque los niños subían de tres en tres o así y mientras uno hablaba con el Rey, que a esas alturas ya había visto que era Gaspar, el pobre, que me acordaba perfectamente de los años anteriores, dos tandas más y me toca. Y aquello era inevitable. O le daba la carta manuscrita y enmarranada al Rey, o ese año ni Tente, ni traje de Chérif, ni uniforme de hombre-rana para el Big Jim, que era un muñeco entre el Madelman y el Geyperman, más cachas que el primero pero más bajito que el segundo, eso si, mucho más estiloso que los dos y que gracias a un ingeniosísimo artilugio, le apretabas en la espalda, como en el costillar, entre los omoplatos y el tío soltaba unas guascas de campeonato. De una torta, mandaba a los alfeñiques de los Ayrgam Boys bien lejos, que yo lo se, a ver. Luego estaba el Big Joe, que eras lo mismo pero barbudito leñador, camisa de cuadros, un poco,... bueno es igual. Y también había un Big Jack, por no ponerle black, que era negro. O sea, de todo.
Según se acercaba el instante, mi angustiada timidez se fue transformando en mosqueada timidez, porque de entonces viene mi cabezonería vehemente, que uno intenta atemperar, pero oye, que a veces resulta muy eficaz y que, aunque no toque, de no pocos apuros me ha sacado. Entre la vergüenza, el cosquilleo, el miedo a que Su Majestad me sacase allí, delante del paparazzo mis trapos sucios, el terror de quedarme sin Tente si huía de la audiencia real como un conejo en víspera de caza, se terminó de golpe cuando un paje me dijo hale, guapo, pasa, anda, cómo te llamas, mientras la MamádelPianista me daba un certero empujón y delante del trono, solo ante el peligro, el calor de los focos que garantizaban las fotos buenas y la supervivencia del Rey, del paje y del fotógrafo en la gélida tarde navideña. Cara de vergonzoso, enfurruñado, temeroso y tímido mosqueo. Hola Gaspar, soy Nodisparenalpianista, le digo, mientras noto por primera vez la suave y aterciopelada caricia de la mano real en mi cabecita rubia. Bueno, y cuéntame, ¿qué tal ha ido el desde el año pasado? Pues... bueno, la cosa es que no hagas demasiadas travesuras, que no enrabietes a tu hermana, y que el año que vene me cuentes otra vez como ha ido. Hala un besito y mañana por la noche a dormir temprano y muy fuerte. Bueno vale, le contestaría yo. Una vez, uno del cole, Gonzalito, que era polvorilla, se quedó medio despierto y por un resquicio de la puerta vio al Rey pasar por delante de su habitación pasar con los bártulos camino del árbol. Oye Gonzalito, ¿y llevaba la capa puesta? -ya sabéis, la de armiño, esa tan elegante que ni el Príncipe de Gales tiene una de esas-; pues claro, Nodisparenalpianista, si no, cómo se sabría que era el Rey. Y yo pensaba, joer con los Reyes, tan abuelillos y se suben como campeones a las casas con la escalera esa como de bomberos, le pegan un salto al balcón y entran tan campantes y sin engancharse la capa. Ser mago ha de ser la órdiga.
Venga, la foto. Y yo allí con ganas de pirarme ya rapidito, con toda la gente aquella mirando, el fotógrafo que sonría, la Mamádelpianista dando palmas, el niño que venía detrás con la misma cara de póquer que tenía yo cinco minutos antes y con unos sudores que yo ya ni sabía si era el calor de los focos o el pánico de la fama.
Y salimos de allí con el deber cumplido, con la foto calentita debajo del brazo y con la MamádelPianista diciéndome, chico, qué serio, le podías haber sonreído un poco al Rey, hombre. O al menos haber cerrado la boca. Oye, ¿y ya le has dicho que le dejaríamos polvorones y un poco de anís por el frío? No, se me ha olvidado...oye ¿y el pan duro de los camellos? Claro, Nodisparenalpianista, y agua, para que beban, los pobres, que toda la noche de aquí a allí...
Y luego nos volvíamos a casa.
De los pajes reales, el más chulo era el del Corte Inglés, porque la caseta donde recogía las cartas era enorme, una especie de pagoda o vaya usted a saber qué, que ocupaba media acera. Desde aquella acera a mi me gustaba ver volar, al final de verano, cuando surcaba ya el aire los primeros olores de boniatos y castañas, las bandadas de golondrinas -o estorninos, o los bichos que fuesen- cómo evolucionaban haciendo figuras. Entonces me contaban lo de que una iba delante y todas la miraban y la seguían el vuelo ¿Y no chocan? Pues no, no chocan. Ah. Y me gustaba verlas volar, sus acrobacias, el riesgo, lo bonito. Igual que ahora, o sea.
Lo cual que un par de días antes de la cabalgata y de la noche de Reyes, o la víspera, no se cuándo, estaban los propios Reyes recogiendo las cartas. Iban a turnos, claro, porque son Reyes, son Magos, pero también se cansan y tampoco es plan presentarse los tres y liarla como si fuesen las Spice Girls, ante todo orden.
Así que me llevan, ya que estamos, a darle la carta al Rey. Hasta ahí, todo bien. ¿Y quién estará? Pues no sabemos, al que le toque. En esto de las preferencias, nunca he sido maniático. Todos los niños dicen que Baltasar, por negro, aunque ahora menos. No menos negro, sino menos niños lo dirán, porque los negros ya no son exóticos como cuando yo era niño, sino que son señores que siempre están ahí, con las gafas de sol o los bolsos de Louis Vuitton, pobres, cargados como mulas. Luego estaba Melchor, que como es el primero que uno dice y el más viejito, pues también cae muy bien. Y quedaba el pobre Gaspar, que por no tener no tenía ni chiste malo. Ya se sabe, ¿no? Basaltar y se cayó. Si se hubiese matado, sería humor negro en toda regla. En fin. Que como yo ya apuntaba maneras, le tenía un compasivo, cariño especial al pobre Gaspar, el que suele ser menos citado de los tres, aunque en realidad a los tres les quisiéramos (y les queremos) igual. Ya me lo decía la MamádelPianista: ¡abogado de pleitos pobres! cada vez que me metía en jaranas por defender a mis amigos cuando haciendo algo razonable -ojo-, les había caído una buena encima. Lo de siempre, si.
Pues allá que vamos, abrigadito, porque el tiempo está como está y la carta debajo del brazo, no la pierdas, no, no. Y a la cola, como es de rigor. Hay un tipo del Corte Inglés que te echa una foto y luego los papás se la compran o no. Ya se sabe lo que pasa en estos casos, o que sales con los ojos cerrados o que el paje estornuda o que a un señor calvo se le mueve el peluquín. Que la cola iba avanzando y yo cada vez más encogido y pegado a las piernas de la MamádelPianista. Pero no por el frío, no.
Ya sabéis cómo somos los tímidos irrecuperables, que muy chulitos, muy chulitos, pero a la hora de la verdad, enviamos el correo certificado. Y allí no había ninguna posta. MamádelPianista, dásela tú. Que no, NDAPín, que se la has de dar tú, y si te pregunta, dile que has sido bueno, pero algo travieso, que haces rabiar a la HermanadelPianista y que eres un poco marrano haciendo las fichas, pero que el año que viene mejorarás. Joer, a ver quién se presenta con ese currículum delante de un Rey.
Yo echaba cuentas, porque los niños subían de tres en tres o así y mientras uno hablaba con el Rey, que a esas alturas ya había visto que era Gaspar, el pobre, que me acordaba perfectamente de los años anteriores, dos tandas más y me toca. Y aquello era inevitable. O le daba la carta manuscrita y enmarranada al Rey, o ese año ni Tente, ni traje de Chérif, ni uniforme de hombre-rana para el Big Jim, que era un muñeco entre el Madelman y el Geyperman, más cachas que el primero pero más bajito que el segundo, eso si, mucho más estiloso que los dos y que gracias a un ingeniosísimo artilugio, le apretabas en la espalda, como en el costillar, entre los omoplatos y el tío soltaba unas guascas de campeonato. De una torta, mandaba a los alfeñiques de los Ayrgam Boys bien lejos, que yo lo se, a ver. Luego estaba el Big Joe, que eras lo mismo pero barbudito leñador, camisa de cuadros, un poco,... bueno es igual. Y también había un Big Jack, por no ponerle black, que era negro. O sea, de todo.
Según se acercaba el instante, mi angustiada timidez se fue transformando en mosqueada timidez, porque de entonces viene mi cabezonería vehemente, que uno intenta atemperar, pero oye, que a veces resulta muy eficaz y que, aunque no toque, de no pocos apuros me ha sacado. Entre la vergüenza, el cosquilleo, el miedo a que Su Majestad me sacase allí, delante del paparazzo mis trapos sucios, el terror de quedarme sin Tente si huía de la audiencia real como un conejo en víspera de caza, se terminó de golpe cuando un paje me dijo hale, guapo, pasa, anda, cómo te llamas, mientras la MamádelPianista me daba un certero empujón y delante del trono, solo ante el peligro, el calor de los focos que garantizaban las fotos buenas y la supervivencia del Rey, del paje y del fotógrafo en la gélida tarde navideña. Cara de vergonzoso, enfurruñado, temeroso y tímido mosqueo. Hola Gaspar, soy Nodisparenalpianista, le digo, mientras noto por primera vez la suave y aterciopelada caricia de la mano real en mi cabecita rubia. Bueno, y cuéntame, ¿qué tal ha ido el desde el año pasado? Pues... bueno, la cosa es que no hagas demasiadas travesuras, que no enrabietes a tu hermana, y que el año que vene me cuentes otra vez como ha ido. Hala un besito y mañana por la noche a dormir temprano y muy fuerte. Bueno vale, le contestaría yo. Una vez, uno del cole, Gonzalito, que era polvorilla, se quedó medio despierto y por un resquicio de la puerta vio al Rey pasar por delante de su habitación pasar con los bártulos camino del árbol. Oye Gonzalito, ¿y llevaba la capa puesta? -ya sabéis, la de armiño, esa tan elegante que ni el Príncipe de Gales tiene una de esas-; pues claro, Nodisparenalpianista, si no, cómo se sabría que era el Rey. Y yo pensaba, joer con los Reyes, tan abuelillos y se suben como campeones a las casas con la escalera esa como de bomberos, le pegan un salto al balcón y entran tan campantes y sin engancharse la capa. Ser mago ha de ser la órdiga.
Venga, la foto. Y yo allí con ganas de pirarme ya rapidito, con toda la gente aquella mirando, el fotógrafo que sonría, la Mamádelpianista dando palmas, el niño que venía detrás con la misma cara de póquer que tenía yo cinco minutos antes y con unos sudores que yo ya ni sabía si era el calor de los focos o el pánico de la fama.
Y salimos de allí con el deber cumplido, con la foto calentita debajo del brazo y con la MamádelPianista diciéndome, chico, qué serio, le podías haber sonreído un poco al Rey, hombre. O al menos haber cerrado la boca. Oye, ¿y ya le has dicho que le dejaríamos polvorones y un poco de anís por el frío? No, se me ha olvidado...oye ¿y el pan duro de los camellos? Claro, Nodisparenalpianista, y agua, para que beban, los pobres, que toda la noche de aquí a allí...Y luego nos volvíamos a casa.
lunes 5 de enero de 2009
EL NIÑO
Aquí están dos fotos del Niño que me gustan mucho. Esta primera se la hice justo al acabar la Misa de Nochebuena, en nuestra Parroquia. Le pedí permiso a Jorge, un monaguillo argentino muy simpático que tenemos y al que tanto le gusta pegar la hebra, como diría Delibes. Estábamos pues, en que Jorge me dió permiso para sacar esta foto con el móvil. En la misma Parroquia y después de la Misa del Gallo, el Padre Juan nos invita a una fiesta con turrones, polvorones, barquillos, bombones, brindis varios y villancicos. Así pues, cuando le enseñé a Jorge la foto entre turrones y Ferreros Rocher, le encantó; bueno, tanto a él como al Padre Juan, que estaba muy contento de tenernos a todos ahí, juntos, y no paraba de ofrecer y comer turrón de chocolate, a la vez, y con el mismo entusiasmo.
Esta otra foto es el Niño que tenemos en el Belén de casa. Bueno, en uno de los Belenes. En el que no concursa, digamos. O sea, el serio. No se le acaba de ver bien, pero tiene una cara preciosa, con papos y todo. Y las piernas y los brazos tan gorditos que dan ganas de darle estrujones y hacerles cosquillas.
En fin, para acabar, quiero dar las gracias al Pianista por la idea tan brillante y tan bonita que ha tenido al organizar este Festival de Belenes. Nos ha permitido compartir historias divertidas, tiernas, y entrañables. Como él.
Esta otra foto es el Niño que tenemos en el Belén de casa. Bueno, en uno de los Belenes. En el que no concursa, digamos. O sea, el serio. No se le acaba de ver bien, pero tiene una cara preciosa, con papos y todo. Y las piernas y los brazos tan gorditos que dan ganas de darle estrujones y hacerles cosquillas.
En fin, para acabar, quiero dar las gracias al Pianista por la idea tan brillante y tan bonita que ha tenido al organizar este Festival de Belenes. Nos ha permitido compartir historias divertidas, tiernas, y entrañables. Como él.
Otra de Reyes Magos por Myriam
Quizas yo lo habeis leido en el garito de Luisa pero...
Como tengo que limpiar la casa que mañana me invaden los sobrinos corto y pego.
Os voy a presentar a Gasparín, es el hijo del Rey Gaspar:
Aquí Gasparín.
Aquí unos pacientes lectores.
Después de las presentaciones y saludos varios, prosigo con la historia...
¡Eh que tú no has saludado!, pues saluda...
Ahora si que prosigo...
Hace mucho, muchísimo tiempo, unos 2008 años aproximadamente, en un lugar de Oriente no se sabe bien si próximo o lejano, vivía un Rey llamado Gaspar (a este sí que le conocéis así que sobran las presentaciones) ¿no?, ¿que no le conocéis?, ¿como no le vais a conocer?, es ese Rey-Astrónomo y Mago, que un día hace ya unos 2008 años o así decidió seguir una estrella...
Ya bien puestos en situación continuo...
Mientras el susodicho Rey preparaba su equipaje, elegía los camellos, hacia la lista de los pajes que le acompañarian en esa aventura más o menos voluntariamente, es decir que se afanaba en de dar ordenes a diestro y siniestro que para eso era el Rey ¿no?, nuestro protagonista no paraba de interrumpirle:
"Papá quiero ir contigo"
"Papá si te vas sin mi, cojo y no respiro"
"Papá no es justo"
"Papá el hijo del Rey fulano de tal siempre le acompaña"
Bueno ese tipo de cosas, ya sabéis como se ponen los niños de pesaditos de vez en cuando...
En un momento dado el Rey Gaspar, que era un santo pero también perdía la paciencia poco pero la pedía, mando a su hijo a la cama...
Gasparín contrariado obedeció...
Se fue a su cuarto, se asomó a la ventana para contemplar las estrellas, esta manía le venia de familia, cuando de repente vio una estrella que destacaba sobre la demás y pensó...
Yo he de seguir esa estrella como mi padre.
Pero se metió en la cama y vencido por el sueño se quedó dormido esperando que su padre le diera el beso de buenas noches...
Gasparín estaba dormido, cuando sintió que las barbaas de su padre le hacían cosquilla y solo acertó a murmurar...
¡Yo tengo que seguir esa estrella como mi padre!
A la mañana siguiente se levantó de un salto, y echó a correr por todo el palacio diciendo...
¡Yo tengo que seguir esa estrella como mi padre!
Su madre la Reina que estaba afanada en la tareas del hogar, en un principio no le hizo mucho caso, pero al notar su insistencia empezó a plantearse si ese sería el camino que debería tomar su hijo, ya sabéis como son la madres.... Sus pensamientos fueron algo así:
¿Y si no le dejo ir, y ese es su camino?
¿Y si le dejo ir y le pasa algo?
¿Y si enferma?
¿Y si no vuelve?
Cuando por fin consiguió que Gasparín se sentara a desayunar y le miro a los ojos y alli esta en lo más profundo de ellos vio la Estrella, así que se guardó el miedo en el bolsillo izquierdo de su delantal real, y le comunicó a su hijo que podía marcharse esa misma noche...
Gasparín no cabía en sí de alegría y de nerviosismo, acabó su desayuno a la velocidad del rayo y corrió a su habitación para decidir qué se llevaría para tan largo viaje.
Después de desordenar toda su habitación se decidió por las tres cosas que le gustaban para regalárselas al NIÑO...
A saber:
- Una pelota que le había regalado su padre, el Rey Gapar II.
- Un libro de cuentos que perteneció a su abuelo, el Rey Gaspar I.
- Y por último, pero no por ello menos importante, una manta que tejió su madre cuando le esperaba y con la que todavía dormía.
Las horas se le hacían interminables al pequeño Gasparín, pero por fin llegó la noche y con ella la Estrella...
Gasparín escuchó muy atento las recomendaciones de su madre y partió...
Como es lógico, al seguir una estrella, Gasparín tenía que caminar por la noche y descansar por el día. y así que...
Caminó, caminó y camino un poco más durante toda la noche...
Hasta que amaneció y vio que se encontraba en la plaza de un pueblo, se dirigió al centro de la plaza para sentarse a descansa un poco al llegar vio a un viejecito sentado pensó; "este debe de ser un buen sitio para descansar" así que se sentó a su lado...
Al poco rato nuestro protagonista, que era un niño muy decidido como ya habéis podido observar, entabló conversación con él y entré otras muchas cosas el viejecito le explicó que estaba solo y que por eso se pasaba las horas en la plaza mirando como paseaba la gente, así que Gasparín, ni corto ni perezoso, buscó su libro de cuentos, se lo dio, Justo en ese momento empezó a oscurecer, apareció la Estrella indicándole a Gasparin que era el momento de retomar su viaje...
Caminó, caminó y caminó un poco más durante toda la noche...
Y así caminando el amanecer le sorprendió en mitad de un campo, donde jugaban unos niños a algo parecido al football con un guijarro, Gasparín pese al cansancio sintió el impulso de jugar con ellos; sacó su pelota y empezaron los juegos , el tiempo paso volando y cuando acabaron ya era casi de noche y con la noche llegó el momento de que los niños del pueblo se marcharan a su casa entonces Gasparín pensó; "cuando me vaya estos niños no tendrán una pelota con la que jugar", así que llamó a uno de ellos para darle la pelota, en ese momento miró hacia arriba ¡allí estaba la Estrella! era el momento de seguir caminando...
Caminó, caminó y caminó un poco más durante toda la noche...
La aurora apareció y se llevo con ella a la Estrella, en ese momento, Gasparín se encontraba a los pies de un castillo, que pertenecía a un tal Herodes, Gasparín se encaminó hacia el castillo, pero justo antes del puente levadizo le llamó la atención una madre que parecía haber pasado todo la noche a la intemperie, ya que sus hijos estaban ateridos de frío, así que Gasparín les ofreció su manta y como ellos le invitaron a unirse pasaron el resto del día juntos y acurrucados...
Sin apenas darse cuenta, mal cubiertos por la manta, les sorprendió la Estrella, Gasparín se despidió de ellos y dejándoles su manta y siguió caminando...
Esta vez solo caminó y caminó, ya que justo cuando las fuerzas le empezaban a fallar pensó; "ya debe de quedar muy pero que muy poco", dirigió su mirada hacía el cielo buscando una respuesta...
Y ¡Oh sorpresa!¡La Estrella se había detenido a unos pocos metros de donde estaba, brillando más que nunca!
Imaginaros la alegría de Gasparín en esos últimos metros, no podía dejar de corre repetiendo todo lo alto que sus fuerzas le permitían; "¡He llegado! ¡He llegado!"
Y efectivamente llegó...
"Lo primero es lo primero", pensó,besó al Niño y no pudo ni quiso evitar quedarse un rato mirando fijamente como sonreía...
Cuando consiguió articular palabra se dirigió a María diciendo; "Señora, mire mis manos las traía llenas de regalos para el Niño, pero los he dejado por el camino y ahora están vacías"
La Virgen miró detenidamente las manos de Gasparín al mismo tiempo que sonria como solo saben sonreír las Madres le corriguió; "No Gasparín, yo las veo llenísimas, mira aquí están los veinte libros de cuentos, y aquí las veinte pelotas y por aquí aparecen las veinte manta...Mira el Niño las está viendo y sonríe, todos tus regalos, lo que has dado en tu largo camino, el Niño lo ha recibido multiplicado por veinte"
Y ahora, ven aquí a descansar Gasparín, que debes de estar agotado...
Gasparín obedeció y hundiendo su cabeza en las faldas de la Virgen se "durmió"
Como tengo que limpiar la casa que mañana me invaden los sobrinos corto y pego.
Os voy a presentar a Gasparín, es el hijo del Rey Gaspar:
Aquí Gasparín.
Aquí unos pacientes lectores.
Después de las presentaciones y saludos varios, prosigo con la historia...
¡Eh que tú no has saludado!, pues saluda...
Ahora si que prosigo...
Hace mucho, muchísimo tiempo, unos 2008 años aproximadamente, en un lugar de Oriente no se sabe bien si próximo o lejano, vivía un Rey llamado Gaspar (a este sí que le conocéis así que sobran las presentaciones) ¿no?, ¿que no le conocéis?, ¿como no le vais a conocer?, es ese Rey-Astrónomo y Mago, que un día hace ya unos 2008 años o así decidió seguir una estrella...
Ya bien puestos en situación continuo...
Mientras el susodicho Rey preparaba su equipaje, elegía los camellos, hacia la lista de los pajes que le acompañarian en esa aventura más o menos voluntariamente, es decir que se afanaba en de dar ordenes a diestro y siniestro que para eso era el Rey ¿no?, nuestro protagonista no paraba de interrumpirle:
"Papá quiero ir contigo"
"Papá si te vas sin mi, cojo y no respiro"
"Papá no es justo"
"Papá el hijo del Rey fulano de tal siempre le acompaña"
Bueno ese tipo de cosas, ya sabéis como se ponen los niños de pesaditos de vez en cuando...
En un momento dado el Rey Gaspar, que era un santo pero también perdía la paciencia poco pero la pedía, mando a su hijo a la cama...
Gasparín contrariado obedeció...
Se fue a su cuarto, se asomó a la ventana para contemplar las estrellas, esta manía le venia de familia, cuando de repente vio una estrella que destacaba sobre la demás y pensó...
Yo he de seguir esa estrella como mi padre.
Pero se metió en la cama y vencido por el sueño se quedó dormido esperando que su padre le diera el beso de buenas noches...
Gasparín estaba dormido, cuando sintió que las barbaas de su padre le hacían cosquilla y solo acertó a murmurar...
¡Yo tengo que seguir esa estrella como mi padre!
A la mañana siguiente se levantó de un salto, y echó a correr por todo el palacio diciendo...
¡Yo tengo que seguir esa estrella como mi padre!
Su madre la Reina que estaba afanada en la tareas del hogar, en un principio no le hizo mucho caso, pero al notar su insistencia empezó a plantearse si ese sería el camino que debería tomar su hijo, ya sabéis como son la madres.... Sus pensamientos fueron algo así:
¿Y si no le dejo ir, y ese es su camino?
¿Y si le dejo ir y le pasa algo?
¿Y si enferma?
¿Y si no vuelve?
Cuando por fin consiguió que Gasparín se sentara a desayunar y le miro a los ojos y alli esta en lo más profundo de ellos vio la Estrella, así que se guardó el miedo en el bolsillo izquierdo de su delantal real, y le comunicó a su hijo que podía marcharse esa misma noche...
Gasparín no cabía en sí de alegría y de nerviosismo, acabó su desayuno a la velocidad del rayo y corrió a su habitación para decidir qué se llevaría para tan largo viaje.
Después de desordenar toda su habitación se decidió por las tres cosas que le gustaban para regalárselas al NIÑO...
A saber:
- Una pelota que le había regalado su padre, el Rey Gapar II.
- Un libro de cuentos que perteneció a su abuelo, el Rey Gaspar I.
- Y por último, pero no por ello menos importante, una manta que tejió su madre cuando le esperaba y con la que todavía dormía.
Las horas se le hacían interminables al pequeño Gasparín, pero por fin llegó la noche y con ella la Estrella...
Gasparín escuchó muy atento las recomendaciones de su madre y partió...
Como es lógico, al seguir una estrella, Gasparín tenía que caminar por la noche y descansar por el día. y así que...
Caminó, caminó y camino un poco más durante toda la noche...
Hasta que amaneció y vio que se encontraba en la plaza de un pueblo, se dirigió al centro de la plaza para sentarse a descansa un poco al llegar vio a un viejecito sentado pensó; "este debe de ser un buen sitio para descansar" así que se sentó a su lado...
Al poco rato nuestro protagonista, que era un niño muy decidido como ya habéis podido observar, entabló conversación con él y entré otras muchas cosas el viejecito le explicó que estaba solo y que por eso se pasaba las horas en la plaza mirando como paseaba la gente, así que Gasparín, ni corto ni perezoso, buscó su libro de cuentos, se lo dio, Justo en ese momento empezó a oscurecer, apareció la Estrella indicándole a Gasparin que era el momento de retomar su viaje...
Caminó, caminó y caminó un poco más durante toda la noche...
Y así caminando el amanecer le sorprendió en mitad de un campo, donde jugaban unos niños a algo parecido al football con un guijarro, Gasparín pese al cansancio sintió el impulso de jugar con ellos; sacó su pelota y empezaron los juegos , el tiempo paso volando y cuando acabaron ya era casi de noche y con la noche llegó el momento de que los niños del pueblo se marcharan a su casa entonces Gasparín pensó; "cuando me vaya estos niños no tendrán una pelota con la que jugar", así que llamó a uno de ellos para darle la pelota, en ese momento miró hacia arriba ¡allí estaba la Estrella! era el momento de seguir caminando...
Caminó, caminó y caminó un poco más durante toda la noche...
La aurora apareció y se llevo con ella a la Estrella, en ese momento, Gasparín se encontraba a los pies de un castillo, que pertenecía a un tal Herodes, Gasparín se encaminó hacia el castillo, pero justo antes del puente levadizo le llamó la atención una madre que parecía haber pasado todo la noche a la intemperie, ya que sus hijos estaban ateridos de frío, así que Gasparín les ofreció su manta y como ellos le invitaron a unirse pasaron el resto del día juntos y acurrucados...
Sin apenas darse cuenta, mal cubiertos por la manta, les sorprendió la Estrella, Gasparín se despidió de ellos y dejándoles su manta y siguió caminando...
Esta vez solo caminó y caminó, ya que justo cuando las fuerzas le empezaban a fallar pensó; "ya debe de quedar muy pero que muy poco", dirigió su mirada hacía el cielo buscando una respuesta...
Y ¡Oh sorpresa!¡La Estrella se había detenido a unos pocos metros de donde estaba, brillando más que nunca!
Imaginaros la alegría de Gasparín en esos últimos metros, no podía dejar de corre repetiendo todo lo alto que sus fuerzas le permitían; "¡He llegado! ¡He llegado!"
Y efectivamente llegó...
"Lo primero es lo primero", pensó,besó al Niño y no pudo ni quiso evitar quedarse un rato mirando fijamente como sonreía...
Cuando consiguió articular palabra se dirigió a María diciendo; "Señora, mire mis manos las traía llenas de regalos para el Niño, pero los he dejado por el camino y ahora están vacías"
La Virgen miró detenidamente las manos de Gasparín al mismo tiempo que sonria como solo saben sonreír las Madres le corriguió; "No Gasparín, yo las veo llenísimas, mira aquí están los veinte libros de cuentos, y aquí las veinte pelotas y por aquí aparecen las veinte manta...Mira el Niño las está viendo y sonríe, todos tus regalos, lo que has dado en tu largo camino, el Niño lo ha recibido multiplicado por veinte"
Y ahora, ven aquí a descansar Gasparín, que debes de estar agotado...
Gasparín obedeció y hundiendo su cabeza en las faldas de la Virgen se "durmió"
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